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Bibliotecarios pioneros

No, el título no alude a aquellos bibliotecarios que dieron los primeros pasos en la profesión, sino a la atracción por lo azaroso e inexplorado (la llamada de la aventura) que cualquiera, incluido un bibliotecario, podría sentir.

El 1 de diciembre de 1783, Jaques Charles, acompañado de nicolas-louis Robert, despegaron desde el Jardín de las Tullerías en un charliere (un globo de hidrógeno). Después de un vuelo de aproximadamente dos horas y media, aterrizaron en la localidad de Nesle. Una vez en tierra, y habiendo anochecido, Robert se desmontó. Entonces el aerostato, únicamente con Charles ya a bordo, volvió a penetrar “por la región del ayre”.

Nada como las propias palabras de una persona que está yendo más allá de los límites para sentir de cerca la fascinación, y ese inconfundible aroma a desafío, al pisar terreno virgen. En este caso, lo de terreno, metafóricamente. El mercurio histórico y político nos recuerda que el tripulante se puso en pie…:

“… En medio del carro y me abandoné a considerar el espectáculo que me presentaba la inmensidad del horizonte. A mi partida de la pradera, ya se había puesto el sol para los habitadores de los valles [pero, al ascender], en breve, [nació nuevamente] para mí solo y vino por segunda vez a dorar el carro y el globo con sus rayos.
Yo era el único cuerpo iluminado en el horizonte, y veía todo lo restante de la naturaleza en la sombra. De allí a poco se ausentó el sol, teniendo yo la satisfacción de ver dos veces su ocaso en un mismo dia. Por algunos instantes me detuve a contemplar los campos espaciosos del ayre, y los vapores terrestres que se levantaban de los ríos y de los valles. Las nubes me parecía que salían de la tierra y se amontonaban unas sobre otras, conservando su figura ordinaria; y su color se me representaba uniforme y de un gris pálido, efecto natural de la poca luz que había en el ayre, alumbrándolas la luna solamente”.

Antes que Charles, otros se habían elevado en aerostatos, si bien el suyo fue el primer vuelo en un globo de hidrógeno. De cualquier forma nuestro héroe estaba entre los pioneros de la aeronáutica.
El entusiasmo de Luis XVI por aquella hazaña se materializó en una serie de favores a este intrépido viajero: pensión de 2000 libras del tesoro real, una habitación en el Louvre, miembro de la Académie des Sciences.
Y, además, Jaques Charles llegó a ser bibliotecario del Instituto Real.

 

 

Fuente de la ilustración: Gallica

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