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¡La Pepa, ya 200 años!

Con motivo del bicentenario de la Constitución de 1812 se van a celebrar, en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Burgos, unas Jornadas de Historia sobre nuestra primera Carta Magna. Su organización corre a cargo de la propia Facultad así como del Vicerrectorado de Estudiantes y Extensión Universitaria.

El evento está abierto a todo el público. Así que, si tenéis interés, no hay excusas. Será una buena ocasión para conocer algo más sobre los inicios de nuestro constitucionalismo.


Las ponencias tendrán lugar durante los días 12 al 15 de noviembre, a las 19:15 h. Más información, en los anuncios distribuidos del evento.

El inaniversario

Hoy en día, el trabajo colaborativo tiene un enorme aliado en internet. La red ofrece la infraestructura ideal para inventar y desarrollar proyectos casi impensables sin su concurso. Uno de ellos es la Biblioteca Digital Mundial. Nacida en el seno de la Library of Congress, y, enseguida, propulsada con el apoyo de la Unesco, sus objetivos miran muy alto.

  • “Promover el entendimiento internacional e intercultural;
  • Ampliar la cantidad y la variedad de contenidos culturales en Internet;
  • Facilitar recursos a los educadores, estudiosos y el público en general;
  • Permitir a las instituciones asociadas reducir la distancia digital dentro de y entre los países”.

Los fondos que ofrece esta iniciativa internacional son, como uno esperaría, muy variados. Hay digitalizaciones de mapas, fotos, periódicos, libros, etc. Y también documentos, documentos históricos de cada país. Uno de ellos es el protagonista de esta anotación. Su contenido tiene mucho que ver con las conmemoraciones a que somos tan aficionados los hombres.

Para explicarlo, nos tenemos que remontar a la antigüedad, a Julio César en concreto. Fue él quien impuso un calendario, llamado juliano, que se mantuvo en uso hasta la Edad Moderna. El invento no era perfecto, tenía fallos: como por ejemplo que el equinoccio, al cabo de los siglos, se iba corriendo hacia el principio del año.

Varios concilios al final de la Edad Media e inicios del Renacimiento pidieron a Roma que corrigiera esta situación. Al fin, Gregorio XIII promulgó en 1582, en la bula Inter gravissimus, el nuevo calendario, el calendario gregoriano.

Pero la medida exigía sacrificios. No humanos, sino de tiempo. En aquel año, el equinoccio de primavera caía en un 11 de marzo. Para volver a llevarlo hasta su fecha correcta, se tomó una singular determinación: eliminar diez días. Así, por las buenas.

En España, donde se aplicó el nuevo calendario en 1582 mismo, lo que se hizo fue borrar del 5 al 15 de octubre (“se mandaron quitar diez días del mes de octubre… contando quinze de octubre, quando se auia de contar cinco, y de ay adelante…”). Con semejante remedio, la propia efeméride de la reforma se nos ha quedado sin un claro aniversario.

Por cierto, que Felipe II no dejó ningún detalle, que resultara de la aplicación de aquella excepcional medida, a la suerte. Tal fue el caso de los salarios: “Otrosi mandamos, que se rebatan… de los sueldos, y salarios del dicho mes de octubre, los diez dias, que se han de contar menos”.

Los datos para esta anotación fueron tomados de Cronologia, cronografia e calendario perpetuo, ayudado de la consulta a nuestra entrañable Espasa. Y, cómo no, el sitio auspiciado desde la UNESCO para promover el entendimiento intercultural, La Biblioteca Digital Mundial, nos permite consultar por internet la propia Pragmática sobre los diez dias del año.

Imagen: espadaña (Presencio), El Escorial

El tiempo y sus caprichos

Las reflexiones de Einstein nos hicieron ver el mundo con otros ojos. Según la relatividad, no hay un tiempo ni un sistema de referencia absoluto, todos son relativos y todos viajan (se mueven) los unos respecto de los otros. Igualmente, al viajero que ve pasar ante sí ciudades y culturas no le cabrá la ocurrencia de erigir a una como el centro absoluto de las demás, pues todas le merecerán el mismo respeto, y en cada una permanecerá el tiempo que le sugiera su propio anhelo.

Amaro era un hombre rico y poderoso (nacido “en tierra de Alia” y probablemente una persona distinta al San Amaro conocido en Burgos, o quizá su mitificación). Pero vivía atrapado por una obsesión: conocer el Paraíso Terrenal. Decidiose a ello y montó una expedición para encontrarlo. Pasó por lugares fantásticos, conoció mares extraños, vivió aventuras algunas muy peligrosas con monstruos marinos, pero, sobre todo, hizo amistades que nunca olvidó, ni le olvidaron. Al final de su vida, no trató de volver a su tierra para recibir sepultura, sino que prefirió que sus restos fueran acogidos por el país a que su viaje lo llevó.

Este singular personaje logró cumplir su meta: llegar al Paraíso. Allí tuvo dos sorpresas. La primera que el Paraíso no era un lugar abierto, sino un gran castillo de altos muros. Y la segunda, y más desagradable, que no le dejaron pasar; solo le permitieron asomarse. Entonces, tras echar un rápido vistazo, volvió a insistir en acceder al interior, pues tantas eran las maravillas que ver. A esto, el “portero” le contestó que ya iba bien servido, pues llevaba allí asomado mirando ¡doscientos sesenta y seis años!

A Amaro, posiblemente, aquella le debió parecer una hiperbólica excusa para echarle con viento fresco. Al fin y al cabo, tan solo había estado mirando un momento desde la puerta, no dos siglos y medio como pretendía aquel portero. Pero luego sus amigos se lo confirmaron. Mientras que él se había mantenido “más fresco e más hermoso” durante ese tiempo que pasó a las puertas del Paraíso, varias generaciones de hombres habían nacido y muerto, y las propias ciudades habían cambiado tanto que parecían otras. Amaro no conocía nada de las artimañas de la física, de modo que tuvo que aceptar su prodigioso salto en el tiempo con la misma humildad del viajero conocedor de muchas culturas.

Este de San Amaro es tan solo uno de los relatos hagiográficos contenidos en la obra del Beato Iácopo da Varazze (Beato Jacobo de Vorágine, o Santiago de Voragine): Leyenda de los santos (también llamada Leyenda áurea o dorada, o Flos Sanctorum, o Legende Sanctorum). Sin duda un libro que podría ser considerado un best seller. Escrito entre 1252 y 1265 es, “tal vez, después de la Biblia, el texto del que más manuscritos se conservan”, más de 1600.

Si bien la obra fue denostada por falta de criterios críticos, no deja de proporcionar una valiosa información para interpretar las esculturas, y para conocer algo de la religiosidad y mentalidad popular de la época.

Un ejemplar lo tenéis disponible, a través de UBUCAT, en la Biblioteca de Humanidades y Educación.

Imágenes: Paradoja de los gemelos; Paraíso; Santiago de Voragine.

Historia económica

Parece que conocer la historia es lo más parecido a producir fármacos que curen los males venideros. Para entender los cambios y vicisitudes de la economía desde la Segunda Guerra Mundial se necesitarían páginas y páginas que dieran cuenta de todas las circunstancias y cambios acontecidos.

Pero también se puede optar por alejar el foco. Claro, a condición de perder el detalle. Una pequeña historia del gobierno económico de los estados, contada muy a grandes rasgos, es lo que nos propone Wolfgang Streeck en su artículo ¿Mercados vs votantes?

Describe el autor, en varias etapas, el desarrollo del mundo occidental desde 1945. La primera, hasta los años setenta, sería una fase de desarrollo; la segunda, en esa década de 1970, de inflación; la tercera, durante los ochenta, de déficit público; y la cuarta, desde los noventa hasta 2008 aproximadamente, de deuda privada. Naturalmente bucea en las causas de cada uno de estos tramos hasta confluir en la crisis de nuestros días, de la que algo habla.

Quizá los científicos sociales puedan hacer poco por arreglar las tensiones que vive el mundo pero, como dice el autor, al menos sí pueden “exponerlas a la luz y discernir las continuidades históricas que permiten entenderlas plenamente”.

Este artículo viene recogido en el número 71 de 2011 de la revista New left review, publicada por Akal, y disponible bajo formato papel en la Biblioteca de la Facultad de Humanidades y Educación. O, si lo preferís, también podéis acceder a través del mismo enlace (New left review) a su versión electrónica.

 

Imagen: Bolsa de Madrid

¿Qué es la vida?

¿Qué es la vida? Seguramente habrá publicaciones que traten este tema desde un enfoque exclusivamente bioquímico.

No es el caso de la revista Pensamiento, más volcada hacia una perspectiva filosófica. Hoy traemos a BiblioEnredados un artículo de esta publicación por lo que supone de desafío lo que plantea. Parece como si los científicos quisieran poner en apuros a los creadores de ciencia ficción, o competir con la magia.

¿Qué es la vida, pues? No se trata de una pregunta retórica, sino de un auténtico plan de acción para investigar que tiene por objeto crear materiales vivos a partir de materiales no vivos. Y no es una especulación, ya hay experimentos. En 2010, un equipo de científicos trasplantó genoma artificial a una célula sin genoma alguno y, así, “reiniciar” (reboot) esta última o, dicho de otra forma, traerla a la vida.

Pero hay más líneas de investigación, como la que los autores del artículo persiguen: sintetizar protocélulas que crezcan y se dividan. Es decir, producir un ser vivo artificial que, merced a un complejo metabólico (información), sintetice energía química (materia) a partir de energía lumínica (luz; un consumo, por tanto, sostenible), y se reproduzca, esperemos que no como las escobas de El aprendiz de brujo.

Si en el siglo diecinueve asistimos a la revolución industrial, y a fines del veinte a la revolución de la información procesada en computadores e internet, lo siguiente será la integración del procesamiento de la información y de la producción material. Y esa integración la harán posible los organismos vivos, las únicas maquinas que lo consiguen. Con estos mimbres, quién sabe, a lo mejor en un futuro sustituimos los PC por PF (personal fabricator). Mientras nuestro viejo PC se conforma con acceder y compartir la información, el PF accedería, compartiría y produciría objetos complejos de manera sostenible.

Todo esto plantea problemas con las corrientes de pensamiento humanistas y con las creencias religiosas, tema desarrollado en otro artículo de esta revista. Pero esa es otra historia, también llena de desafíos. Pensamiento está publicada por las Facultades de la Compañía de Jesús en España, y la tenemos disponible en nuestro catálogo UBUCAT.

Fuente: Rasmussen, Steen; Albertsen, Anders; Lykke Pedersen, Pernille; Svaneborg, Carsten. “Constructing protocells : a second origin of life”, Pensamiento, Vol. 67 (2011) núm. 254, (pp. 585-594)

Imágenes: La creación de Adán; Mary Shelley; El aprendiz de brujo

Viscosidad

Licus lacor, árbol oficial de Chonquín

La tecnología, siempre en constante ebullición, no solo remueve nuestro modo de vivir, también el de hablar. Voces como bitácora, sitio, ventana y otras ya no sorprenden a nadie, pero el reciclaje no para. A Viscosidad, siempre sumida en su pegajoso seno, también le ha llegado el turno de tener nuevos usos relacionados con las redes.

En la Biblioteca de la Universidad de Chonquín, en China, le llevan dando vueltas al asunto de la competencia que los servicios comerciales de búsqueda, como Google, les hace a los propios sistemas de información de la biblioteca. Y han hallado un camino para hacerles frente: fidelizar a los estudiantes, atraerlos. ¿Cómo? Pues siguiendo el enfoque de este concepto, viscosidad, definida como la lealtad de un usuario hacia un servicio o contenido.

Se trata de una idea procedente del ámbito de las redes sociales. Cualquier persona crea vínculos, mediante cadenas amigo a amigo, con más gente hasta formar un entramado, cuyas dimensiones determinarán su valor. Por ello cuanto más alto sea el índice de viscosidad de un servicio, más valor tiene. ¿Así que por qué no aprovechar, en la biblioteca, las herramientas de la web 2.0 para atraer a los usuarios y dar valor al sistema bibliotecario?

Dicho y hecho, se pusieron a trabajar en el tema. El resultado es la creación de un sistema de gestión que integra el propio de la biblioteca universitaria, pero adoptando la tecnología de red social. Esta plataforma provee de servicios personalizados y espacios para los usuarios, tales como blogs, alojamiento de imágenes, etiquetado social de libros, RSS, wiki.

Para alentar la participación han implantado todo un sistema de incentivos en función del uso, índices de visitas a cada cuenta personal y listas de estadísticas. Un dato curioso es que no se restringe el acceso una vez que el estudiante se gradúa. Como el objetivo es lograr el mayor volumen de contribuciones para que la plataforma se enriquezca, han considerado la aportación de los graduados como un valor añadido. No se prescinde de nadie.

Universidad de Chonquín

Fuente: Xinya Yang, Hui Yuan, Huanwen Cheng, Pak-sing Andrew Liu, (2012) “Case study on digital library’s user viscosity in Chongqing University Library”, Library Management, Volume 33 issue 3, (pp. 184 – 194)

Por cierto, para llegar a este artículo y otros, podéis echar un vistazo a UBUCAT. Yo los encontré buscando por materias, y por algún término temático.

En la España Medieval

Convento Castillo de Calatrava la Nueva (Aldea del Rey)

Hemos escogido este lema para la anotación de hoy porque nos remite a esa época y porque es el título de una de las revistas que tenemos en la biblioteca de Humanidades y Educación. En efecto, En la España medieval se puede consultar, tanto físicamente en la estantería, como a través de internet a texto completo (si bien, no los últimos números).

Su denominación ya deja clara la materia en que se especializa: la Historia Medieval, especialmente en lo relativo a la Península Ibérica. En su último número contiene un trabajo sobre la biblioteca del Convento de Calatrava, perteneciente a la orden militar del mismo nombre, una de las que tuvieron presencia en la España de la Reconquista. La de Calatrava, como las demás órdenes militares, se caracterizaba por la doble condición de monje y caballero de sus miembros, los freiles.

Gracias a dicho artículo nos hacemos una idea de cómo sería aquella biblioteca. Para empezar, su tamaño no se podría calificar de grande. En torno a 1452, toda la colección de libros les cabía en una caja o un armario (caxa vel armario). Nada más. La verdad es que el precio de los libros no ayudaría a su amplia distribución. Así, en 1257, cuatro evangelios glosados eran vendidos a la biblioteca de este Convento por 1000 maravedís. Un precio que no sería barato. Así, por ejemplo —nos dice Salustiano Moreta—, don Miguel, abad de Cardeña, aquí en Burgos, entregó, en las mismas fechas y por 1000 maravedís, la explotación que tenía San Pedro de Cardeña en Saldañuela para usufructuarla de por vida, lo que, por comparación, nos sugiere la importancia de la cuantía.

Efectivamente, el libro sería algo de mucho valor. Especialmente entre monjes con obligaciones religiosas, formativas y, por qué no, unas necesidades de lectura y reflexión. Tener libros no era una cuestión despreciable, en absoluto. Había disputas por ellos. De hecho, hubo una muy larga —que habría de zanjar el más alto órgano de gobierno de la Orden— por los libros de los freiles fallecidos: ¿quién se los quedaba, la biblioteca o los compañeros del difunto?

El encargado, quien hacía las compras del material bibliográfico, sería el sacristán del Convento; y el prior, es decir, una autoridad máxima dentro de la orden, el que realizaba los préstamos de libros. Porque naturalmente el material se prestaba, como biblioteca que era, si bien no a todo el mundo. La “librería” no estaba pensada como servicio público: los usuarios serían los propios los monjes. Un detalle que, al parecer, no relajó a los gestores respecto al tema de la seguridad, pues, ante el temor a que se perdieran, se ordenó el encadenamiento de los libros a los bancos. Esta solución, de atar el libro, era muy común en las bibliotecas medievales, y de la edad moderna pues en 1600 se vuelve a insistir en la misma idea.

Da noticia de estos curiosos hechos Manuel Ciudad Ruiz en su artículo Tiene mas que dio el dicho sacristan en que lean… Este y otros trabajos vienen en el último número —el 34 de 2011— de la revista En la España Medieval, que edita la Universidad Complutense de Madrid.

Siri: aplicación de órdenes por voz

En la presentación del último teléfono Apple, la marca de la manzana ha mostrado una nueva aplicación de órdenes por voz: Siri. Siri no es simplemente una nueva modalidad de ejecutar comandos mediante reconocimiento de voz, como de la que ya hacen uso algunos móviles. Este sistema da un paso más allá.

En un ejemplo que proporciona la propia Apple lo explican mejor. Cuando tú preguntas al móvil por un burguer, el teléfono entiende lo que se le pregunta y contesta si queda alguno cerca. Hay reconocimiento de voz y del significado.

Lo que hace a Siri especial es lo siguiente. Cambias de idea y no quieres una hamburguesa. Entonces vuelves a preguntar: ¿Y hay tacos por aquí? Para contestar a esta pregunta el móvil no solo debe conocer el significado de las palabras sino saber lo que quieres decir, excluyendo las acepciones no pretendidas. Lo que hace Siri, para circunscribir el sentido de las palabras, es recordar que tú acabas de pedir información sobre burguers, que son un tipo de restaurante, y, a continuación, hará una búsqueda de restaurantes de comida mejicana, que es lo que querías decir en tu pregunta. El programa está diseñado para tratar de dar respuesta, de modo que, en cualquier caso, formulará las preguntas necesarias hasta dar con una solución satisfactoria.

Así pues, Siri no es una simple funcionalidad de reconocimiento de voz. Es un sistema de comunicación con la máquina. Utiliza los programas que tenga el terminal para encontrar la información por la que preguntes, escribe mensajes o hace búsquedas si se le pide, y él contesta en lo que sería una especie de conversación con el móvil.

Fuente: Siri

Las bibliotecas universitarias y los móviles

Cada vez hay más interés por los servicios que pueden ofrecer los medios móviles de comunicación. Al mismo tiempo se está extendiendo el uso de teléfonos móviles dotados de funcionalidades sofisticadas, prácticamente ordenadores de bolsillo. El acceso a internet, por otra parte, les dota de una gran potencialidad. Algo habitual en ellos es, por ejemplo, grabar vídeo o sonido, hacer fotos, como también el poder redactar textos cortos, o leerlos. Muchos están preparados para gestionar programas de ofimática, incluso audiovisuales. Herramientas de correo electrónico, o acceso a redes sociales, gestión de presentaciones, etc. Se trata de pequeños instrumentos con posibilidades muy amplias.

Lógicamente, dada su polivalencia y proliferación, hay algunas instituciones académicas, y específicamente las bibliotecas universitarias, que se preguntan por la conveniencia de proveer servicios a través de ellos.

En un estudio llevado a cabo en la Universidad de Edimburgo, los Servicios de Información de la propia institución docente y el Proyecto UX2.0 plantearon contrastar la utilidad de los teléfonos móviles para los estudiantes.  Uno de los resultados de esta investigación es un gráfico con aquellos servicios, consultados a través de móviles, que los estudiantes creen que son útiles para ellos:

Destacan, sobre todo, la propia consulta al catálogo y sus bases de datos, así como ver su cuenta de usuario, la disponibilidad de PC y cómo no, la posibilidad de reservar libros prestados.

En el lado opuesto, los servicios menos útiles son los de reseñas o índices de lectura de libros de la biblioteca, estadísticas de los libros más leídos o compartir qué libros pueden ser útiles para otros, tal y como viene recogido en el siguiente cuadro:

Fuente: Paterson, Lorrainey Low, Boon. Student attitudes towards mobile library services for smartphones. Library Hi Tech, vol. 29, no. 3: pp. 412-423, 2011, ISSN: 0737-8831